Algunas personas llegan con un diagnóstico establecido. Otras, solo con síntomas que nadie ha explicado. Ambos casos son trabajo del internista.
Control de glucosa, prevención de complicaciones y ajuste fino del tratamiento.
Control de cifras y protección de corazón, cerebro y riñón.
Frenar la progresión y proteger la función renal que queda.
Menos síntomas, mejor capacidad y menos hospitalizaciones.
Hipotiroidismo, hipertiroidismo y vigilancia de nódulos.
Respirar mejor y prevenir exacerbaciones.
Intervenir a tiempo, antes de que se convierta en diabetes.
Abordaje médico integral, no solo una dieta más.
Detener el daño hepático antes de que avance.
Encontrar la causa, no solo indicar hierro.
Diagnóstico oportuno y control a largo plazo.
Un solo médico coordinando el panorama completo.
Muchas veces el primer paso no es conocer el nombre de la enfermedad, sino entender por qué se siente mal. Ese es el trabajo del internista: ver el cuadro completo y encontrar la explicación.
Empezar con una consultaSi algo de esta lista le suena familiar, es razón suficiente para una evaluación. No necesita llegar con el diagnóstico hecho — llegar con el síntoma basta.
Agendar evaluaciónTraiga sus estudios y su historia. El trabajo de ordenarlo todo empieza en la primera consulta.
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